Origen y características de Sierra Nevada

Nubes en Sierra NevadaFotografía: Jesús Dehesa

Durante millones de años, el actual territorio peninsular permaneció sumergido bajo las aguas del vasto océano de Tetis. En los fondos marinos se acumulaban distintas capas de sedimentos de muy variada composición, haciendo aumentar la presión y la temperatura de las más profundas.

Tras el enfriamiento del planeta, la corteza terrestre se fracturó en distintas placas que todavía hoy continúan chocando entre sí. A finales del Paleozoico (hace unos 240 millones de años) se produjo una fase de ruptura y choque que afectó a las placas euroasiática y africana. Se elevaron montañas y emergieron tierras conocidas como macizos hercínicos. Durante decenas de millones de años, la Iberia herciniana continuó soportando esta erosión mientras el continuo transporte de materiales a los mares de alrededor originó nuevas capas de sedimentos.

En diversas épocas de la era Mesozoica se intercalaron episodios de sedimentación física y química con otros de crecimiento de arrecifes coralinos y proliferación de seres vivos provistos de caparazones y partes duras que, una vez cubiertos por nuevos materiales, fosilizaron formando rocas de tipo calizo.

Picos de Sierra NevadaPicos Mulhacén y Veleta. Fotografía: Nacho Castejón

El acercamiento entre las dos capas tuvo un violento desenlace cuando a finales del Cenozoico (hace 40 millones de años) chocaron produciendo plegamientos en los estratos superficiales, que se fracturaron en bloques y se deslizaron unos sobre otros. Una fracción de la corteza emergió del fondo del océano: gran parte del actual territorio peninsular. En las zonas de choque, se originaron las principales cadenas montañosas a orillas del Mediterráneo.

La orogénesis alpina, hace más de 20 millones de años, continuó rejuveneciendo los viejos macizos y elevó formaciones de gran envergadura donde antes no hubo montañas. África, en su empuje tectónico hacia el norte, colisionó con el extremo sur de Europa; el resultado fue la aparición de los Alpes en Europa central, el Atlas en el noroeste africano y los sistemas Béticos del sur peninsular.

De esta forma, con el choque de las placas y el levantamiento de montañas, terminó de emerger el territorio peninsular. La porción meridional del levante ibérico quedó configurada como un extenso ámbito montañoso de origen común al de la costa norte del continente africano.

Sierra Nevada en la peninsula iberica

El modelado glacial

En los últimos dos millones de años, el clima del hemisferio norte ha pasado por diversas etapas de enfriamiento. El casquete polar avanzó hacia el sur cubriendo gran parte de Europa, quedando sepultadas por los hielos perpetuos las montañas más altas del continente.

Los continuos avances y retrocesos del hielo en el Pleistoceno provocaron el desplazamiento por el continente de la vegetación y fauna. Así, especies que antiguamente habían habitado el norte, se desplazaron hacia las zonas más meridionales, como la península ibérica.

Corral del Veleta y laguna de la CalderaCorral del Veleta y la Caldera. Fotografías: Por los caminos de Málaga

La última glaciación comenzó a remitir hace unos 15 000 años. Con este retroceso, las especies quedaron refugiadas en las montañas ibéricas, aisladas del resto de las poblaciones que regresaron a sus latitudes originarias. Se inicia de este modo una evolución particular que, con el paso de miles de años, ha generado especies distintas de sus ancestros, endemismos de carácter restringido, exclusivos de estas montañas.

En el sector central, se pueden observar las consecuencias de la erosión glaciar y el modelado periglaciar de la sierra. La huella de estos glaciares de modestas proporciones queda presente en los circos glaciares o corrales, como el del Veleta o los de la Alcazaba y el Mulhacén; numerosas lagunas formadas por la abrasión, como la de la Caldera, la de Aguas Verdes o la de la Mosca; o los espectaculares Crestones de Río Seco.

Agua de Sierra NevadaFotografía: Mirko Tobias Schäfer

Diversidad climática

En Sierra Nevada concurren varios factores que moldean una diversidad climática excepcional: su situación intermedia entre los ámbitos atmosféricos mediterráneo y atlántico, la dilatación de su dorsal por buena parte del sudeste peninsular y su característica altitud permiten que las condiciones climáticas de aquí sean muy diferentes a las propias del clima mediterráneo.

Nubes en Sierra NevadaFotografía: Dale Harvey

Quizá este sea uno de los pocos lugares donde, en tan solo unos kilómetros, se pasa del clima subtropical del litoral costero a la tundra alpina de las altas cumbres de la sierra, donde apenas crece la vegetación. En verano, un viajero puede abandonar en pocos minutos los 40 °C de la falda de la montaña y alcanzar los 5 grados en lo más alto del Mulhacén.

La fachada noroccidental de Sierra Nevada da la bienvenida a las masas de aire portadoras de humedad, arrastradas desde el Atlántico. La altitud provoca la condensación y las abundantes precipitaciones en forma de lluvia y nieve durante el otoño, invierno y primavera. Conforme avanzamos hacia el extremo suroriental, las precipitaciones se hacen cada vez más infrecuentes, revelando los parajes subdesérticos típicos del territorio almeriense.

Sierra Nevada y el mar MediterráneoVista del mar Mediterráneo desde las cumbres de la sierra 

De este modo, las cumbres occidentales gozan de las precipitaciones propias del clima húmedo, alcanzando los 1800 mm al año. En el extremo opuesto se extiende el dominio del clima semiárido: en la vega del Andarax, por ejemplo, rara vez se alcanzan los 200 mm.

Este amplio gradiente climático favorecido por el variado grado de exposición y la gran altitud de estas montañas hace que sobre las vertientes de Sierra Nevada se encuentren representados todos los pisos bioclimáticos de la región mediterránea europea.

Atardecer en Sierra Nevada

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